Hola, soy Carolina Parraguez Piña

Durante toda mi vida vi como la desigualdad afectaba a quiénes más impedidos estaban de participar democráticamente ante el Estado. En el campo observaba como la sequía afectaba la vida de los agricultores y la naturaleza; en Santiago, la contaminación del aire, la salud de las personas y las profundas diferencias territoriales de un sector u otro en la ciudad definió mi vocación y me impulsó a hacer de mi profesión una herramienta que contribuya a acortar las brechas y desigualdades patológicas que atentan contra la dignidad y calidad de vida de todos.

«…comencé a enseñar en la calle sobre la Constitución y el proceso político, social y cultural que nos llamaba a la transformación como país.»

El 18 de octubre de 2019 dio un giro mi vida; la declaración de Estado de Emergencia y Toque de Queda me instó a tomar las redes sociales como un canal de información acerca de lo que eso significa y cómo afectaban en los DDHH. A los días ví que en mi barrio vecinos y vecinas se reunían en el Cabildo de Román Díaz y comencé a enseñar en la calle sobre la Constitución y el proceso político, social y cultural que nos llamaba a la transformación como país. Desde ahí, fui invitada a participar como expositora a espacios como el Cabildo del CSD Colo-Colo, la Escuela Horacio Aravena de San Joaquín, así como programas de televisión, entrevistas para prensa, y en cuánto espacio público hubiese ciudadanos que quisieran aprender sobre educación cívica y comprender sus derechos.

Vino la pandemia por el COVID-19 y nuevamente fui testigo de cómo la patología de la desigualdad en Chile hace que la vida y salud de las personas dependa principalmente de recursos económicos y sociales. Esto motivó mi trabajo por la campaña del #apruebo el 25 de octubre de 2020 en colaboración con distintos grupos de la sociedad civil.

A principios de este año 2021, decidí aceptar el desafío de presentarme como candidata a la Convención Constitucional por el Distrito 10, territorio que habito, donde mi familia y amigos también residen, por lo que desde los afectos y la labor realizada como activista, docente y ciudadana, he tomado contacto con la realidad y contingencia, con la esperanza de que una Nueva Constitución emane del espíritu ciudadano y que todos podamos ser partícipes de un Estado de Derecho que respete la dignidad, repare las históricas injusticias y desigualdades que nos aquejan, y que juntos construyamos un país armónico, ambiental, participativo y democrático para las generaciones futuras.